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Esto es un cordero

Nota tomada de Crónicas Argentinas “Una Mirada distinta sobre los mitos de siempre de Juan Pablo Meneses.

Me advierten que no lo puedo dejar pasar. Que sería un crimen ir al fin del mundo y no comerme un cordero patagónico. No es nueva esta recomendación. Recuerdo que más de una vez, mientras escribía “La vida de una vaca”, alguien del sur me dijo: “Pero no podés comparar la carne vacuna con un cordero patagónico, por favor, el cordero patagónico son palabras mayores”.

Últimamente, y por razones que no termino de entender, al cordero patagónico se lo está llevando –casi peligrosamente- a los escenarios gourmet. De ser una deliciosa alternativa rústica, de fuego y aire libre, hoy se presenta el cordero patagónico como un amigo de la mostaza, el caramelo y de la pimienta de Jamaica, más que del viejo leño.

Trato de buscar un lugar del sur donde comer un cordero patagónico a la antigua, pero me llevo esa extraña sorpresa: muchos lugares lo venden con tomates confitados y ramitas de romero.

Parecería que el nuevo cordero patagónico (“más afeminado”, según un sureño), es parte de esta nueva cara de Patagonia. La de hoy. La pensada en el turismo y donde la palabra más repetida comienza a ser “boutique”: donde antes estaba el fin del mundo ahora está salpicado de hoteles, restaurantes y corderos patagónicos boutique.

Seguramente, todo esto ha traído muchos beneficios a la zona. Un despegue industrial fuerte, y un gran aumento de ingresos. Pero mi pregunta parece más rústica:

¿Encontraré corderos patagónicos “a la antigua”?

 

Fuente: Clarín.

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